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El sábado 22 de Mayo, nos reunimos algunos miembros de la comunidad para celebrar juntos una Vigilia de Pentecostés, desde el principio fue muy significativa, pues nos encontrábamos como los primeros discípulos, (con la intención de vivir un mayor recogimiento invertimos el mobiliario de la sala por lo cual) cerradas las ventanas nos dispusimos a abrir el corazón, para mi, y seguramente para todos, esta celebración no nos ha dejado igual.
Comenzamos animando con cantos y una invocación al Espíritu, que nos ayudó a introducirnos poco a poco en un clima de calma de silencio, después Inma nos dio una introducción, en la que nos invitaba a hacernos concientes de que el Espíritu Santo ya esta en cada uno, y que la Iglesia, al proponer estos tiempos litúrgicos, nos lo recuerda para hacernos concientes en nuestra vida de esta realidad, que nos pasa a veces tan desapercibida por la rutina, por las dificultades, pero que si nos damos cuenta, contamos con un Dios que anima, dinamiza, lanza, en medio de todo y a pesar de todo, de manera que no nos dejemos llevar por las circunstancias sino por Él, que siempre propone los caminos que nos llevan a amar, y por lo tanto a la plenitud.
El espíritu Santo es el que da vida a la Iglesia, es el que da Vida a la Palabra, de manera que no sea letra muerta sino, que en contacto con ella, podamos ir entendiendo que es lo que estamos llamados a vivir, y por eso nos reunimos por grupos, para que desde la Palabra, reconocer y redescubrir la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.
Terminamos este momento con un signo, en el que se prendieron tres velas en medio de la oscuridad de manera que cada uno desde la vivencia de esos momentos, pudiéramos “asentar” aquello que también el Espíritu iba haciendo en esos momentos, en nuestra vida.
Después de un momento de descanso, tuvimos un acercamiento a los dones del Espíritu Santo, que nos compartió Javi, en el que se nos recordó que Dios, nos ha dado ya todos los dones del Espíritu, pero a veces las circunstancias, las dificultades de la vida no nos han permitido que se desarrollen adecuadamente, entonces fue un momento de reflexionar, para darnos cuenta, en nuestra propia vida, de aquellos dones reconocidos que actúan ya en nosotros y también aquellos que no, de manera que siendo concientes de ello, dejemos actuar al Espíritu con más libertad en nosotros. Para lo cual tuvimos un momento de silencio y de oración personal. Después de dar gracias, pasamos a cenar.
Al finalizar la cena, María nos ayudó a darnos cuenta que todo esto no es un eficacísimo, sino acción de Dios, y la acción de Dios lleva su tiempo, como el de un árbol que tiene su tiempo para florecer y dar fruto, y que nos puede suceder que en medio de tantas noticias malas que nos “venden” no veamos la acción del Espíritu Santo actuando en el mundo, pero es también necesaria su ayuda para verlo, por que las noticias buenas, y todo lo bueno que hay y sigue habiendo en el mundo no llama la atención, pasa desapercibido…
Así que nos reunimos nuevamente por quipos para dejar fuera el “negativismo” y reconocer en la vida cotidiana los frutos del Espíritu Santo, en las personas y situaciones que nos rodean y con ello la cercanía de Dios, de un Dios que en lo sencillo, actúa, trabaja, ama profundamente nuestra humanidad…
Al final, terminamos con una oración con la ayuda de cantos y una parábola, que nos animaron a querer seguir con la ayuda de Amor, del Espíritu Santo.
Gracias a Nuestro Dios que reaviva nuestra fe en comunidad, y que se da sin medida a través de cada uno, y gracias a cada uno, que en respuesta al Amor de Dios nos ha compartido desde su vida el Amor de un Dios Familia.
Alejandra De La Calleja y López
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