|

Hola a todos, voy a intentar contaros un poco nuestra experiencia de la Pascua en Siete Aguas.
Primero, maletas..., coche..., kilómetros,.... y por fin ..., llegamos al Poblado. Saludos, acogida, ya estamos, hemos llegado y en seguida, los chicos se van corriendo a un grupo, que ya está sentado en la hierba, porque encuentran amigos de otros años. ¡Qué bien! Gracias Jesús por este regalo: nuestros hijos, a través de cuerdas humanas se van acercando a ti, por ósmosis, respirando poco a poco, te van conociendo, impregnándose de ti. Esta es la razón por la que no hemos compartido con vosotros físicamente la Pascua en Guriezo. Estamos convencidos de que los chavales, necesitan gente de su edad para vivir este momento. Se van corriendo, y ya está, desprendidos de equipajes, de todo lo que llevan. Gracias Jesús, por sus corazones jóvenes que se desprenden con facilidad de lo que les estorba para correr a ti.
A los padres nos toca recoger el equipaje y prepararlo todo para que puedan, que podamos, celebrar la Pascua. Pequeño acto de amor que en otras ocasiones te lleva a un cabreo que parece que se acaba el mundo. Pero ya veis, desde el primer momento, Jesús ha tocado nuestros corazones y nos dispone a estar abiertos, a la acogida y a la entrega en lo pequeño, en lo sencillo, en lo que no se nota y no trasciende a ningún lado porque no se ve, pienso que así es su Amor.
Con todo dispuesto, nos vamos a la Capilla Grande y allí encontramos cinco letras que son el lema de esta Pascua: Te amo, ¡qué sencillo! ¿No?, ¿qué más quiero? Sentirme amada completamente, con esa seguridad de que así es siempre, lo sienta o no lo sienta, el corazón es traicionero, pero es una realidad en mi vida. Gracias Jesús porque siempre estás conmigo, acompañándome en mi vida, en todo momento. Poder vivir así la vida es una grandeza que te lleva a la gratitud.
En Siete Aguas hemos estado hasta casi 400 personas, entre niños, juveniles, jóvenes y adultos, de muchas nacionalidades diferentes, con posibilidad de hablar en lenguas distintas, Para mí esto es una gran riqueza que me habla de que JESUS es para todos. Todos con una Pascua adaptada a sus necesidades, según la edad. Y una Vigilia Pascual conjunta, preparada por jóvenes y juveniles, con danza para la Palabra de la Creación, música, experiencia viva, homilías (de Vicente Esplugues) que te hacen comer la Palabra y te alimentan. La Palabra: leída y hecha alimento para los que allí estábamos. La Naturaleza: en su esplendor de primavera, que habla del nacimiento de la vida tras el duro invierno. Las comidas: dar de comer a tanta gente, habla del amor entregado de las personas que han estado dentro, en lo sencillo, en lo oculto, para que todo estuviera bien.
El jueves santo por la noche, tuvimos un cambio de escenario: Jesús orando en el huerto ¿cambio diréis? sí, cambio de orientación en la capilla.(ver foto) y ese pequeño cambio nos sitúo mucho mejor en la oración. A veces, ¿a veces? son las pequeñas cosas las que cambian nuestro corazón.
A mí esta Pascua me ha invitado a situar a Jesús en el centro de mi vida, de mi familia. Y realmente creo que es signo de Resurrección el haberla celebrado la familia en conjunto. Y ¿nuestros hijos? Pues casi no les vimos, teníamos que acercarnos nosotros para preguntarles qué tal, ¡qué mejor signo de que todo iba bien! ¿No?
Hay muchas más vivencias, pero ya las iremos contando. Compartir con vosotros que estos días no podemos acercarnos a la oración porque hay que amar la realidad concreta que tenemos. Y ahora es el tiempo de ser familia con nuestros hijos y un invitado que tenemos y es bueno cenar juntos.
Muy unidos a todos vosotros en el Amor de Jesús Resucitado. Rosa y Jesús
|
Comentarios
Qué bonito haber podido disfrutar de estos días como familia, y adaptados a todas las edades ;-)